El arte de dormir

La vida es eso que pasa entre un “me muero de sueño, odio madrugar, cuando llegue a casa voy a dormir 70 horas seguidas”, y un “son las doce de la noche, voy a estar unos 190 minutos más con el móvil haciendo nada, que tampoco es tan tarde”.

Por qué no somos coherentes con nosotros mismos? Porqué nuestro yo de las tantas de la noche, nunca se acuerda de nuestro yo de las siete de la mañana?

Es horroroso madrugar, pero cuenta la leyenda que se ve que hay  gente que le gusta levantarse pronto.

Ese tipo de persona que te dice “yo un sábado a las ocho de la mañana ya estoy en pie”.

En pie de guerra, imagino, porqué no se puede estar de buen humor levantándose temprano un día que puedes dormir hasta tarde.

Y entonces te dicen: “Tienes que aprovechar el día de fiesta”. Exacto amigo, y eso es lo que voy a hacer. Aprovecharlo.

Y es que dormir, perdonadme, pero es de las mejores cosas que hay.

Aunque tengo que decir que a veces me pongo a reflexionar sobre el tema y siento hasta un poco de miedo. Y es que si lo piensas, estás ahí tumbado inconsciente durante ocho horas, como si fuera una jornada de trabajo. Y eso es mucho tiempo que estás ahí medio muerto, sin enterarte de nada.

Pero es así. Se ve que lo necesitamos para reactivarnos y para poder sobrevivir a la vida.

A mi ocho horas se me hacen cortas, pero luego hay esas personas que son capaces de salir de fiesta y después ir a trabajar sin dormir. Yo lo he hecho alguna vez, pero ahora me desmayaría antes de volver a vivir esa macabra experiencia.

No recuerdo una sensación peor que vivir un día de empalme, temiendo caer en coma en cualquier momento. Ese mal rato eterno en el que deseas pegarte un tiro, antes de seguir fingiendo que puedes actuar como una persona normal. Esas horas en las que eres un trozo de basura que no puedes ni moverte con decisión, ni razonar, ni pensar, ni hacer nada.

Soportando el paso lento de un tiempo que deseas que pase ya, contando los minutos que quedan para poder llegar a tu cama. Y entonces te preguntas: valía la pena quedarse ayer hasta tan tarde? Era necesario apurar tanto? Toda esa gente con la que vaciaste esas botellas aún están durmiendo, y tú estás aquí, siendo un zombie con resaca y pasándolo fatal.

Un horror. Por eso yo cuando duermo, intento alargar tanto como puedo, porqué sé lo mal que se pasa sin hacerlo.

Cuando oigo que las siestas tienen que ser de veinte minutos, alucino. Porqué ya que te pones al tema estate al menos hora y media no? Que si no te habrás puesto el pijama para nada…

Yo soy de hibernar a lo loco sin despertador. De abrir los ojos y preguntar si ha caído el muro de Berlín.

También soy de esas que pospone la alarma hasta el infinito. En eso tengo un master. He llegado a programarlas cada diez minutos durante más de tres horas.

Maltrato gratuito? Puede ser. Pero cada vez que suena la terrible melodía, me recuerda que puedo dormir más y eso es fantástico.

No sé, quizá esté loca y madrugar esté bien. Dicen que así aprovechas más la luz del sol y en realidad es verdad. Pero entonces pienso: Es tan necesaria? A caso no hay farolas? No nos vamos a ver igual?

En fin, que después de escribir esto me está entrando mucho sueño. Ahora entiendo a Juan Luis Guerra con lo de que lloviera café.

Suerte tenemos de él. Del café, no de Juan Luís.

 

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