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CINE 

Los 15 motivos reales por los que lloramos viendo Titanic

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Por una cuestión geográfica y generacional, la desgracia que todas esas familias vivieron el 15 de abril de 1912 nos tocó muy de refilón. Pero James Cameron nos presentó un peliculón en el 97, con el que más de uno hicimos un drama bastante importante. Pero lejos de centrarnos en la pena que supone la muerte de centenares de inocentes, os voy a explicar los verdaderos motivos por los que, en realidad, lloramos viendoTitanic.

1. No somos ricos.

Es horrible vivir con la sensación de saber que no podemos permitirnos comprar-nos esos corpiños ajustados de millonaria, ni ponernos esos sombreros de Infanta. Nuestra vida es bien distinta a todo aquello, porqué nos movemos en metro o en autobús, y el día que nos ponemos algo en la cabeza, es un moño mal hecho atado con una goma, que hemos encontrado en el suelo de la habitación.

2. No tenemos suerte jugando al poker

Personalmente tiendo a no tener suerte ni jugando al bingo, ni al parchís, ni a la oca, ni al cinquillo. Pero bueno, pongámonos en el caso de que lo petamos fuerte en un golpe de azar: de verdad tenemos vidas tan a tope de adrenalina, que nos jugamos viajes en barco con gente desconocida en un bar? No, amigos, como mucho nos jugamos cuatro chuches con la familia, el día de año nuevo.

3. No tenemos tanta memoria como Gloria Stuart

Si que es verdad que si yo hubiera conocido a un maromo buenorro de tercera clase, en un barco que al final se hunde y muere gente, quizá me acuerdo. Pero cierto es que no me acordaría de las conversaciones de la peña random del barco, ni del orden de los pasillos. Se le ha de reconocer a la señora, que nos lo explica todo con muchos detalles.

4. No seremos jóvenes eternamente

Este es el primer momento triste de la película: en el que esa señora de 100 años se da cuenta que una vez tuvo el cuerpazo de Kate Winslet y que ya no.  Además la pobre anciana tiene que soportar que su propia nieta la trate de loca. Que digo yo, que si la muchacha no se creía que su abuela era la del retrato, por qué la acompaña a conocer a esos señores del submarino? No será mejor que se quede en casa descansando como las mujeres de su edad?

 

5. No tenemos la elegancia de la madre de Rose

Hay un momento en la película que a mi se me quedó grabado en la mente: cuando la señora Ruth Dewitt Bukater le ata el corpiño a su hija Kate Winslet con una mala ostia bastante importante. Esa mujer, fluir, no fluía demasiado. Creo recordar que estuve tiempo atándome los cordones de los zapatos del mismo modo, como si así se me fuera a pegar un poco de glamour.

 

6. No tenemos tanto equilibrio

Me refiero a cuando Rose se quiere tirar por la borda y al final no se cae, o al famoso momento de la pareja haciendo el avión en la proa del barco. Yo hago eso y en vez de “I’m flying, Jack”, le suelto un “I’m falling to the water, Jack”. No habría sido tan romántico y la historia de amor de la película se habría acabado muy rápido, pero bueno, algún beso del Dawson nos habríamos llevado.

 

7. No ligamos así de rápido ni de casualidad

Hablo de cuando Rose sale a dar un paseo por la cubierta y, de repente, el tío más guapo del barco se le queda mirando como si se le hubiera aparecido su amor de la infancia. Que luego va Kate y en vez de aprovechar la situación, decide pasar de él completamente. Súpernormal el tema.¡Como para ir ignorando a Jacks Dawson por la vida!

8. No nos conocimos en un lugar tan bonito

Qué suerte tienen Jack y Rose que se conocen en la proa de un trasatlántico al que llaman el buque de los sueños, y no en el aula de una universidad o en la puerta del lavabo de una discoteca.  Eso es romanticismo y no lo nuestro. Vale que no les acabó de salir bien la historia, pero hay situaciones reales nuestras que no se arreglan ni con Celine Dion de fondo.

 

9. No somos Alex Owens-Sarno

Os preguntareis quién es esa. Pues bien: es la niña de tercera clase que baila con Jack en la fiesta. Yo en el 97 seguramente tendría la misma edad que ella, y fue cuando me empecé a plantear dudas existenciales del tipo: por qué yo soy yo, y no soy esa niña? Como ha llegado a hacer un casting para salir en una película bailando con Jack Dawson? Por qué ella está en el cine y yo haciendo deberes de ciencias naturales? Por qué no está gritando histérica si Leonardo DiCaprio le está hablando?

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10. No tenemos un apellido tan guay como DeWitt Bukater

Soy tan fan de este apellido que fue mi título de fotolog durante un tiempo. Aunque cuando salió la película creía que era mucho más complicado que lo que en realidad es. Algo tipo supercalifragilísticoespialidoso. DeWitt Bukater es el apellido más olvidado de la historia, porqué la mismísima Rose (SPOILER) lo cambia por “Dawson” al final de la peli. Muy bonito el detalle pero no mola tanto.

 

11. No nos van a pintar así en la vida

Bueno, yo no sé lo que haréis en vuestra vida privada, pero creo que hay que cumplir varios requisitos para que eso pase, y yo lo veo complicado: Primero tenéis que estar prometidos con un hombre al que os gustaría escupir en la cara, pero que esté tan obsesionado con casarse que os regale un diamante carísimo. Segundo, que el novio que habéis conocido cuando os intentáis lanzar al mar, sepa dibujar muy bien. Y tercero, que tengáis los santos ovarios de ponerle de excusa un collar, para que os pinte en pelotas. La cara de los señores del submarino cuando volvemos del flashback, me representa.

 

12. No nos quedaba tan bien la mano en el cristal empañado

¿Cada vez que estáis en un coche con el cristal empañado, ponéis la mano para recrear la escena de Jack y Rose en el carruaje que va hacia las estrellas? Efectivamente sí. No lo podéis negar. Es como ir a París y no visitar la Torre Eiffel: es algo obligado. Estoy segura que si queréis limpiar el cristal para poder ver, primero ponéis la mano así y luego ya quitáis el vaho.

13. No entramos en un bote con tanto arte como esa gente

Yo cuando me subo a la vagoneta de una atracción de agua, sufro por mi vida a niveles exagerados. Mi cara al pisar ese suelo que baila sobre un líquido tan agradable de ver, es de pánico total: como si estuviera cruzando un puente hecho con cuerdas, a quince metros de altura. De esos que salen en las películas de niños que se pierden, y que tú piensas: quizá antes doy la vuelta a la Tierra, antes de pasar por aquí.

 

14. No sabemos bañarnos en agua fría sin mojarnos primero la nuca

Yo los shows que hago para entrar en el agua son para grabarlos. Aunque estemos en agosto y en nuestras espaldas se pueda freír bacon del calor que hace, a mi me cuesta bastante dar el paso de lanzarme. No me quiero imaginar lo que sería entrar en agua que está a menos dos grados y que encima me llega hasta el cuello. Vale que (SPOILER) tengo que ir a salvar al tío más guapo del barco porqué mi prometido lo ha atado con unas esposas, pero es bastante duro igual.

15. No tenemos a Leonardo DiCaprio en nuestra vida

Esto lo he puesto en el último puesto como si fuera lo menos importante, pero es obvio que es el motivo principal por el que se llora viendo esta peli. Madre del amor hermoso, qué dura es la existencia! Durante mucho tiempo tuve un poster del DiCaprio ocupando toda la puerta de mi habitación, para que pudiera admirar lo guapo que era cada noche antes de irme a dormir. Es muy duro tener que asumir que el chico de la portada de la Superpop no forma parte de tu vida, y eso es para llorar bastante.

 

Y bueno, hasta aquí la reflexión sobre los motivos por los que este peliculón nos da tanta pena. Espero que Kate y Leo algún día se casen y que los espectadores carpeteros como yo, podamos ser un poco más felices. Ya que no me lo voy a quedar yo, prefiero que se vaya con Rose: imagino que un hombre que te enseña a escupir, no debe ser fácil de olvidar.

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