Mi experiencia con el pelo de Whoopi Goldberg

Hoy he ido a la peluquería para teñirme de rubio y, en un giro de los acontecimientos, he salido con el pelo más negro que Blancanieves.

Pero para saber por qué ha pasado esto, os tengo que poner en antecedentes:

Cuando era pequeña, yo tenía el pelo oscuro y rizado, pero, por algún extraño motivo, tenía la corazonada de que de mayor lo tendría largo, rubio y liso.

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Con el paso del tiempo me di cuenta que en realidad tenía el pelo como un nanas después de rascar cinco paellas, y que el volumen era como el de un Jackson Five, así que asumí que ese era mi futuro y empecé a domesticarlo como pude.

Me estiraba el pelo con cepillo y me hacía coletas. Me gustaba llevarlo suelto, pero el hecho de pasarle el peine y dejarlo a su aire, hacía que cada vez que entraba en un sitio, mi melena encrespada limpiaba la porquería acumulada en los marcos de las puertas, y eso era algo que no me parecía necesario.

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Aunque recogido no me molestaba, no quería rendirme ante el hecho de no tener un pelo de persona normal, así que en ocasiones decidía planchármelo. La primera vez fue para las fotos de mi comunión y no hubo ningún problema. Fui directa de la peluquería al fotógrafo, así que a mi pelo no le dio tiempo a digievolucionar a su estado natural hasta después de un rato.

Pero el día en cuestión del evento no tuve tanta suerte, ya que el peinado me lo hicieron antes de dormir, y mi melena no superó con éxito su affaire nocturno con la almohada. Así que acabé recibiendo el cuerpo de Cristo con más ondas en el pelo que un mar con bandera roja.

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Otro momento en el que me alisé el pelo, fue para la foto de curso de tercero de ESO. Al salir de la peluquería me creía Eva Santolaria, pero cuando llegó el momento de ponerme en frente de la cámara, decidí recogérmelo y cortar las ansias de volar a mi pelo alborotado, para no hacer el ridículo más de lo necesario.

Pasaron los años, y con el tiempo acepté la realidad tal como era, y empecé a amar a mi pelo rizado como a nada en este mundo. Pero entonces pasé a la siguiente pantalla y decidí que lo quería de otro color.

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Siempre he pensado que la gente con ojos azules tiene que ser rubia, la de ojos marrones, morena, y las de ojos verdes, pelirroja. No negaré que esta idea la saqué de la serie de dibujos SkyDancers, donde había una de cada, pero es algo que me marcó tanto en la vida, que a la que pude me teñí el pelo como Ariel.

La pasión de ese rojo duró hasta que se destiñó y se convirtió en el color butano que me ha acompañado los últimos diez años. No obstante, me gustaba tanto el tono en que se convertía esa decadencia del tinte, que intenté buscar ese color en cada peluquería a la que iba.

Hasta que entre todos decidimos que llevaría el llamado: rubio oscuro cobrizo.

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Me encanta llamarlo así porqué entonces puedo decir que voy rubia, cosa que a mi yo interior de siete años le hace bastante ilusión.

Aunque, para qué negarlo, no es un rubio de verdad, así que esta mañana he decidido dar el gran paso.

Me he ido a la pelu con quince fotos que he sacado de Pinterest. Todas de chicas rubias rizadas que he utilizado a modo de ejemplo para que me dejaran igual. Las dos chicas que me han atendido, me han dicho que era imposible cumplir mi sueño de tener el pelo de Shakira en Hips Don’t Lie. No sin antes poner la cara de incómodas que ponen siempre cuando me ven llegar con el estropajo encima:

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¡oh no, es la chica que nos hace gastar ocho botes de tinte!

Yo, que no iba a aceptar esa negativa, les he preguntado que qué podíamos hacer.

Después de explicarme la guerra fría que existe entre los colores rubio y cobre, y su imposibilidad de poner uno sobre el otro, me han dicho que si quería me teñían de mi tono natural y que con el tiempo ya veríamos si funcionaría mi cambio radical a muñeca Barbie.

Así que, después de estar dos horas allí, he salido con el color que tenía cuando soñaba con tener el contrario. Con un poco de suerte, cuando me jubile y tenga todo el pelo blanco, podrá pillarme el color que quiero sin que me tenga que quemar el pelo. Hasta entonces, tendré que disfrutar de mi realidad.

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