Septiembre y las estanterías gigantes de material escolar

Sí, está pasando.

Septiembre ya está aquí y yo no entiendo por qué motivo los de Green Day querían que pasara tan rápido. ¡Adoro este mes!

El final del verano llegó y tu partirás, pero no pasa nada porqué tenemos la maleta repleta de ilusiones, estamos morenos y descansados y vamos a cumplir todos nuestros sueños.

Sí, quizá creéis que exagero y que soy la típica que luego se pega el tortazo del siglo. Pues sí,efectiviwonder, pero es que yo soy muy fan de los comienzos, porqué es cuando aún estás a tiempo de no liarla parda.

El inicio de Septiembre llega a nuestras vidas con la alegría que también caracteriza los primeros días de Enero, pero con menos resaca y con menos ropa.

Es principio de curso y tienes que recibirlo con ilusión: Apuntarte a cosas, alegrarte la vida, olvidar los dramas, conservar las cosas buenas, dejar los miedos a un lado y lanzarte a la piscina. Hemos venido a jugar, señores.

Y si no te ves capaz de empezar nada nuevo, puedes retomar algo antiguo como, por ejemplo, volver al gimnasio.

Te explico: es ese lugar donde solías ir a hacer ejercicio. Ya sabes, eso que no has hecho estas vacaciones porqué estabas muy ocupado tumbado en el sofá, mirando capítulos repetidos de esa serie que han dado quince veces por la tele.

Eso sí, cuidado con lo de volver al gym, que yo el otro día entré a una clase después de cuatro meses y me lesioné la cadera haciendo un movimiento sexy. Quien dice lesionar, dice que no pude explayarme tanto como quería bailando Beyonce, porqué me había dado un tirón en la pierna.

Pero bueno, lo importante es participar.

Volver a la rutina puede ser agotador, pero yo es que si tardo mucho en activar-me me muero bastante del asco.

Cuando era pequeña y se acercaba finales de agosto, le pedía a mi familia si podíamos hablar del cole. Sí, era una niña un poco extraña que en vez de aprovechar los últimos días de playa y Gran Prix, quería centrarme en pensar en mis obligaciones de persona responsable.

No era del todo malo que me pasara eso. Pensad que en Octubre toda esa motivación desaparecía y me volvía una vaga en potencia, así que era importante aprovechar mi momento de subidón.

Y es que por las noches me hacía preguntas del tipo: ¿Cómo será el primer día? ¿Cómo será el reencuentro con mis compañeros? ¿Tendré profes guays? ¿Cómo serán las nuevas asignaturas? ¿El guapo del curso superior habrá repetido?

En fin, típicas cuestiones que se hace cualquier criatura pre-adolescente.

Septiembre también traía a tu vida el maravilloso mundo del material escolar. Ese olor a plástico nuevo que te proporcionaba unas ganas locas de estudiar, como si tú fueras una empollona o algo por el estilo. Muy loco todo.

Sin ir más lejos, el otro día entré a un centro comercial para comprar-me una agenda y casi salgo con media estantería. Y es que es pasar por ese mágico pasillo de archivadores, carpetas, bolígrafos y lápices, y encontrarle una gran utilidad a todo lo que ves. “Yo este estuche de rotuladores de colores que mide tres metros creo que lo puedo necesitar”.

Cada Septiembre me quedaba embobada mirando todo ese material, e imaginaba cómo iban a quedar de bien mis preciosos apuntes, con súper buena letra, en esas libretas que iban separadas por colores.

Lamentablemente, los sueños, sueños son, y después de la primera semana de cole, la presentación dejaba mucho que desear y mi caligrafía era parecida a la de un médico experimentado: imposible de descifrar.

Además, ahora que lo pienso, lo de esas libretas era bastante horrible, porqué había asignaturas que te ocupaban más de un color y te fastidiaban todo el plan inicial que te habías montado.

¿Es que entonces qué? ¿Seguías en el verde lo que habías empezado en el rosa, poniendo el título otra vez? ¿Ponías una flecha indicando que la continuación de esa asignatura estaría cuando retomáramos el color asignado al principio? ¿Arrancábamos todas las páginas rosas y las uníamos con un clip?

Es que qué angustia, por favor. Por cosas como éstas suspendía tanto.

Pero bueno, suerte que las agendas sí que tenían una buena organización e incluso en algunas de ellas había una doble página que ponía “dedicatorias”. Allí podías dejar ir tu imaginación, y poner en práctica todos los conocimientos que habías adquirido leyendo el apartado de “I love BSB” de la Superpop y, además, podías pedir a tus amiguis que te escribieran cosas bonitas.

Desgraciadamente, en la agenda que me he comprado este año, no hay un espacio dedicado a escribir estas humildes poesías, y la verdad es que me ha decepcionado bastante.

Porqué ya me dirás tú, si no puedo poner frases de amor, para qué quiero yo una agenda.

Lo que sí que tiene es esa primera página en la que tienes que poner todos tus datos por si la pierdes o te la roban. ¿Eso es útil? Porqué ahora que estoy reflexionando, me doy cuenta que no sé si acaba de ser el método más seguro del mundo que el ladrón de agendas sepa donde vives, pero bueno.

En fin, paralelamente a la compra de material escolar, se tenía que encontrar también un momento para la actividad que daba más pereza del mundo mundial: forrar los libros de texto. Qué nostalgia, madre mía!

Nunca entendí bien que conseguíamos con todo eso, a parte de obligar a toda tu familia a perder una tarde contigo. Se tenía que tener bastante arte para hacerlo. Yo era totalmente nefasta: se me quedaba más forro pegado en los brazos que en el libro.

El nivel experto se conseguía cuando no te quedaba ninguna burbuja en la portada, pero en el fondo, siempre era mejor tener cuatro o cinco para poder entretenerte con ellas en clase, en los días de aburrimiento extremo.

Y es que toda mi ilusión inicial duraba poco. Lo de estrenar cosas hacía mucha gracia el primer día, pero cuando la goma de borrar se ensuciaba por primera vez, ya todo empezaba a caer en picado.

Cuando pasabas el horario a la agenda te creías una gran ejecutiva, organizada y profesional, y sentías la necesidad de empezar cuánto antes con el temario. Pero a las dos semanas, cuando te dabas cuenta que las asignaturas eran un tostón, empezabas a dejar de utilizar los márgenes, las lineas rectas las hacías a ojo, y solo deseabas que llegara la hora del patio para poder salir de allí.

Pero en fin, como decía, todo este drama es posterior. De momento aún estamos en el principio, así que toca disfrutar de este mes antes de que sea demasiado tarde.

Yo creo que igual que hay una película que se llama Noviembre, podría haber una que se llamara Septiembre, con los mismos actores y tal. La vuelta al cole protagonizada por Oscar Jaenada. ¿No sería fantástico?

18 consejos para afrontar con éxito una entrevista de trabajo

En este post quiero exponer 18 consejos para poder hacer una entrevista de trabajo decente. Yo he ido a bastantes en mi vida, y por eso he creado esta lista que creo que os puede servir. No todas me han salido bien, así que podéis no hacerme caso.

1.

En primer lugar es importante ir con tiempo. Lo de la puntualidad parece obvio, pero veo necesario recordarlo. Llegar sudando y con el pelo pegado a la cara porqué has tenido que correr, no causa una buena impresión.

Crees que llegas así, pero no.

Piensa en lo que tardarías un día normal en ir a ese sitio, y le sumas una hora y media más, ya que por el camino te puede pasar de todo: equivocarte de metro, perder un autobús, darte cuenta a medio camino que te has dejado algún documento de los 23 que te han pedido, etc.

Y si no te pasa nada de eso, pues mejor, que así te dará tiempo de tomar un café antes de entrar.

Y esto lo relaciono con el punto 2.

2.

Intenta ir despierto. Si vas medio dormido lo tendrás más difícil para orientarte. Además, las marcas de las sábanas en la cara no acaban de transmitir profesionalidad.

A no ser que la entrevista sea para probar colchones, entonces sí, pero de eso no hay mucha oferta, que lo he mirado.

3.

Intenta completar el trayecto. Parece lógico, pero es que yo una vez, cuando estaba ya a mitad del camino, me lo pensé mejor y volví a casa. Me di cuenta que no quería ese trabajo.

Sí, a veces soy un poco lince reaccionando.

Llamé a la oficina en medio del transbordo de Diagonal, informando de que al final me rajaba.

No hagáis lo que hice yo y simplemente quedaros en casa. No tiréis un viaje de metro a la basura, que van muy caros.

4.

Cuando llegues a la zona de la entrevista, no es necesario que lleves tres folios con las indicaciones de Google Maps, pero está bien tener batería por si te pierdes. Un día estuve más de media hora en una calle buscando un número que no existía.

5.

Si consigues encontrar el edificio y hay ascensor, es importante mirarse al espejo para repasar el atuendo.

Si has superado el punto 2, entonces ya no hay que preocuparse por si vas en pijama.

Si llevas una parte de la camiseta por dentro y otra por fuera, arréglalo. Que no piensen que vienes directo de un after.

Y SOBRETODO, si eres chica (o chico, aquí cada uno…) y te has pintado los labios, fíjate en que no se te haya quedado pintura en los dientes. Si llegas así a una entrevista, tu vida profesional se dará por finalizada por siempre jamás. Es algo irreparable.

Ten presente que tampoco vas a ligar, así que tampoco te pases.

Buscas trabajo, no al padre de tus hijos.

6.

Memoriza el nombre de la persona con la que has quedado, pero no hace falta que lo digas a todos los que te cruces mientras la esperas. Si lo dices en recepción ya vale.

Lo digo porqué yo, con los nervios, justifico mi presencia allí con cada trabajador de la oficina que pasa, para que no piensen que he entrado a robar.

Después de veinte minutos pensando que todos lo que se te acercan son tu entrevistador, y ver que no porqué pasan de largo, por fin llegará.

Seguramente se disculpará por la espera y pondrá de excusa que la impresora no iba y que no podía imprimir tu currículum. Tú te preguntarás, entonces, que por qué te lo habrá hecho traer a ti si ya lo tiene él.

Sonríe, finge que te lo crees y síguelo.

7.

Nunca des dos besos a la persona que te va a entrevistar. No eres una pretendienta que va a ligarse a su tronista, así que ten un poco de decencia, porfavor.

Sí que es verdad que cada caso es diferente, pero tienes que esperar a que el interlocutor decida el tipo de saludo que se va a utilizar para la ocasión. Observas y luego procedes.

8.

Si te ofrecen tomar algo de beber, mejor di que no, para evitar que con los nervios te atrevas a pedir algo más que un vaso de agua.

9.

Espera a que el entrevistador se siente y evita piropear el despacho, para que no se note lo desesperado que estás para que te den el trabajo.

Obviamente tampoco le eches flores a él, que eso va a quedar muy raro.

10.

No empieces a hablar como una loca para romper el hielo porqué esto no es una cita a ciegas.

Posiblemente te preguntará si has tardado mucho en encontrar el sitio. Esto siempre lo dicen. Tú sonríe y di que no, que lo has encontrado a la primera.

En este punto evita que los tres folios de Google Maps te sobresalgan del bolso.

11.

Intenta hacerles creer que ese es el trabajo de tu vida, aunque en realidad estés allí para poder ganar dinero rápido y fácil. “Madre mía, y tanto, me encanta captar socios en plena calle! He nacido para eso”!

12.

Aunque intentes disimular, posiblemente el entrevistador ya sepa que lo único que te interese saber es cuánto dinero vas a cobrar. Así que intenta que no se te note mucho que eres pobre.

13.

Si te preguntan qué cosas has aprendido en cada trabajo que has estado, llévalo pensado de antes, que a veces se dicen muchas tonterías por el hecho de improvisar.

Me refiero a las respuestas tipo: en este trabajo de cara al público he aprendido a saber tratar a la gente estúpida, porqué un día blablabla tres horas de anécdota. No. A esa persona no le importa tu vida, y agradecerá un poco de síntesis porqué posiblemente quiera parar ya a desayunar.

Es que si no, te va a cortar la historia a la mitad y tú vas a estar incómoda el resto de entrevista porqué sabrás que piensa que eres una pesada.

Si pasa esto no te disculpes más de cuatro veces.

14.

Cuando te digan la famosa frase de “defínete en tres adjetivos”, no pierdas los nervios. Esto lo ensayamos en casa.

Vale no, mentira. Aquí no tengo consejo para darte. Ese día te lees el horóscopo de Esperanza Gracia e improvisas a partir de ahí. Los puntos fuertes de tu signo pueden sonar bien como respuesta a esa pregunta. Creo.

15.

Si te preguntan porqué ya no estás en los anteriores trabajos, cuenta una excusa del tipo: vinieron unos marcianos en una nave espacial, se llevaron el edificio de la empresa en la que estaba, y yo aparecí tirada en un descampado.

Mejor esto que decir que odiabas a tu jefe o que se te caían las pizzas encima de los clientes cuando servías una mesa.

16.

Si vives la maravillosa experiencia de participar en una entrevista en grupo, ve con los juegos estudiados de casa. Internet está lleno de estas adivinanzas. Yo creo que esto lo hacen para que el tío de recursos humanos ocupe la mañana en algo que no sea hacer contratos. Para que se divierta un poco.

Una de las preguntas de la terapia puede ser la de: Qué te llevarías a una isla desierta?

Si respondes que a Sayid de Lost, posiblemente crees un silencio incómodo en la sala. Pero si yo estoy allí, me levantaré despacio y empezaré un aplauso lento para que todos me sigan.

Nadie me hará caso y nos echaran a los dos de allí, pero no pasa nada: el mundo está hecho para los valientes.

17.

Si no te han sacado a la fuerza del lugar de la reunión, y sigues interesada en el trabajo,que no se te note mucho que tienes ganas de saber si has pasado a la segunda fase.

Y si has decidido que no vas a aceptar trabajar allí ni borracha, aguanta el tipo hasta la despedida, con una sonrisa siempre, y en cuanto puedas sal corriendo.

18.

Hay algunas veces que ves que la estás liando con tus respuestas, y que tu experiencia no cuadra con nada de lo que piden, pero en cambio te dicen que puedes empezar a trabajar con ellos el próximo lunes.

Si pasa esto, reacciona rápido, porqué quiere decir que ese trabajo es un mierdolo muy grande, una estafa, o que en el vaso de agua que te has bebido te han puesto una substancia para dormirte, y que más tarde vas a despertar en una bañera llena de sangre y sin riñon.

Vale, eso no. Pero algo raro pasa. La gente no va regalando trabajos, aunque si sigues estos maravillosos consejos, puede que algo consigas.

¿Soy un bicho raro si no me gustan los animales?

Hoy os quiero contar mi relación con los animales. No soy un monstruo que viste pieles a lo Cruella de Vil, ni tampoco voy a ver los toros cada tarde, pero la verdad es que no acabo de ser yo muy fan.

Recuerdo que una vez, supongo que engañada, fuí al zoo. La ilusión de todo niño. Me hicieron pasar por un sitio donde había como diecisiete ovejas campando a sus anchas. La gente las acariciaba, mientras yo, con cara de confusión y pánico, intentaba encontrar la salida más próxima.

Quería ir deprisa, pasar desapercibida, y si por un casual alguna de ellas se daba cuenta de mi presencia, quería que entendiera que yo estaba allí en contra de mi voluntad, y que para nada iba yo con intención de invadir su precioso y limpio espacio.

Cuando estuve a salvo, después de cruzar la reja que las tenía apartadas, saqué mi bocadillo para desayunar tranquila y poder recuperarme del trauma. Entonces, cuando hice el primer mordisco, un pavo real pasó corriendo a dos centímetros de mi. Me quedé pálida durante diez minutos. Ahí me di cuenta que los animales me daban un poco de miedo.

¿Oye, y los perros te gustan? Pues mira, si entendemos por gustar, que cuando vienen hacía mi quiero correr en dirección contraria, entonces sí, entonces me encantan.

Pero no os preocupéis, porqué entre ellos y yo hay muy buena conexión. Si tienen que venir a ladrar a alguna de las quince personas que estamos en una terraza, se acercarán a la única persona que tiene un cartel en la cara que dice “no, porfavor, aquí no”. Esto es a lo que yo llamo feeling.

En estos casos, supongo que al verme de pie encima de la silla, el dueño del perro suele venir a soltarme la maravillosa frase de “tranquila, no hace nada”.

Pues mira, hacer me parece que sí que hace algo. Por ejemplo provocar la sonrisa falsa que se me ha puesto por fingir que estoy ultracómoda con el acercamiento.

Después, por otro lado, están los gatos. Éstos me gustan más porqué pasan absolutamente de mi cara. Es el pacto que tenemos. Yo los ignoro a ellos y ellos me ignoran a mi.

Una vez, de pequeña, me obligué a acercarme a uno a hacerle caricias. Todo el mundo los adoraba: por qué yo tenía que ser diferente? Él reaccionó mirándome fatal y arañándome el brazo. Muy desagradecido, la verdad. Así que allí finiquité mi relación con los felinos.

Luego están los caballos. Suerte que no soy rica y no tengo que fingir que mi afición favorita es hacer de amazona, porqué lo pasaría realmente mal. Pero en alguna excursión del cole he tenido que pringar haciendo ver que me gustaba cabalgar.

En una de ellas, el monitor preguntó si había alguien al que le dieran un poco de respeto estos animales, para que así pudiera ser el primero en montarlos.

No sé que pretendía exactamente ese señor, pero si pensaba que yo iba a levantar la mano para ofrecerme iba claro: Oh sí, por favor, yo! Quiero ser la primera en hacer algo que odio!

Y en un giro de los acontecimientos, siguiendo con mi racha, me escogió a mi para empezar. Supongo que el hombre debió ver mi cara de “prefiero ir andando, gracias” y me subió a la yegua mas tranquila. Todo un detalle.

Se llamaba Gala, iba muy lenta y se lo agradecí bastante, pero durante el eterno paseo que hicimos, tuve la sensación constante de que en cualquier momento podía volverse loca y salir corriendo conmigo encima. No pasó nada, pero fuí bastante feliz cuando acabó la excursión.

Después está el tema de los peces. Un día haciendo el pino debajo del agua con las gafas de bucear, vi a uno delante de mis morros. Salí corriendo del agua gritando como una loca. Supongo que no tenía asumido que en el mar también había sitio para ellos. Muy loco todo.

Y qué opináis de los mosquitos? De verdad, qué horror más grande. Se pueden considerar animales, estas bestias que me inyectan pelotas de tenis en cada picadura que me hacen? Un día tenía una en cada gemelo y estaba deseando que me amputaran las piernas. Parecía un futbolista con problemas graves de circulación.

En fin. Y quiero terminar hablando de los animales que me dan más pánico del mundo: los pájaros. Creo que les tengo hasta un poco de fobia.

Mi película de terror favorita lleva el nombre de estos pequeños monstruos. El sonido del movimiento de sus alas me revuelve el estómago, pero el momento que considero más aterrador de todos, es cuando se encuentran quietos sin hacer, aparentemente, nada, ya que es cuando estan preparados para atacar.

Lo mejor de todo es que encima tengo que convivir con ellos. Y aquí es donde entran en escena mis grandes amigas las palomas.

Exactamente, por qué existen? Lo siento eh, pero es que a parte de poder volar y andar por donde yo paso, también se les ha dado el derecho de hacer sus necesidades por donde les plazca: En un banco, en un columpio, en un coche, en mi pelo… De verdad, pensemos en ello. Vamos a aceptar esta dictadura palomil?

El arte de dormir

La vida es eso que pasa entre un “me muero de sueño, odio madrugar, cuando llegue a casa voy a dormir 70 horas seguidas”, y un “son las doce de la noche, voy a estar unos 190 minutos más con el móvil haciendo nada, que tampoco es tan tarde”.

Por qué no somos coherentes con nosotros mismos? Porqué nuestro yo de las tantas de la noche, nunca se acuerda de nuestro yo de las siete de la mañana?

Es horroroso madrugar, pero cuenta la leyenda que se ve que hay  gente que le gusta levantarse pronto.

Ese tipo de persona que te dice “yo un sábado a las ocho de la mañana ya estoy en pie”.

En pie de guerra, imagino, porqué no se puede estar de buen humor levantándose temprano un día que puedes dormir hasta tarde.

Y entonces te dicen: “Tienes que aprovechar el día de fiesta”. Exacto amigo, y eso es lo que voy a hacer. Aprovecharlo.

Y es que dormir, perdonadme, pero es de las mejores cosas que hay.

Aunque tengo que decir que a veces me pongo a reflexionar sobre el tema y siento hasta un poco de miedo. Y es que si lo piensas, estás ahí tumbado inconsciente durante ocho horas, como si fuera una jornada de trabajo. Y eso es mucho tiempo que estás ahí medio muerto, sin enterarte de nada.

Pero es así. Se ve que lo necesitamos para reactivarnos y para poder sobrevivir a la vida.

A mi ocho horas se me hacen cortas, pero luego hay esas personas que son capaces de salir de fiesta y después ir a trabajar sin dormir. Yo lo he hecho alguna vez, pero ahora me desmayaría antes de volver a vivir esa macabra experiencia.

No recuerdo una sensación peor que vivir un día de empalme, temiendo caer en coma en cualquier momento. Ese mal rato eterno en el que deseas pegarte un tiro, antes de seguir fingiendo que puedes actuar como una persona normal. Esas horas en las que eres un trozo de basura que no puedes ni moverte con decisión, ni razonar, ni pensar, ni hacer nada.

Soportando el paso lento de un tiempo que deseas que pase ya, contando los minutos que quedan para poder llegar a tu cama. Y entonces te preguntas: valía la pena quedarse ayer hasta tan tarde? Era necesario apurar tanto? Toda esa gente con la que vaciaste esas botellas aún están durmiendo, y tú estás aquí, siendo un zombie con resaca y pasándolo fatal.

Un horror. Por eso yo cuando duermo, intento alargar tanto como puedo, porqué sé lo mal que se pasa sin hacerlo.

Cuando oigo que las siestas tienen que ser de veinte minutos, alucino. Porqué ya que te pones al tema estate al menos hora y media no? Que si no te habrás puesto el pijama para nada…

Yo soy de hibernar a lo loco sin despertador. De abrir los ojos y preguntar si ha caído el muro de Berlín.

También soy de esas que pospone la alarma hasta el infinito. En eso tengo un master. He llegado a programarlas cada diez minutos durante más de tres horas.

Maltrato gratuito? Puede ser. Pero cada vez que suena la terrible melodía, me recuerda que puedo dormir más y eso es fantástico.

No sé, quizá esté loca y madrugar esté bien. Dicen que así aprovechas más la luz del sol y en realidad es verdad. Pero entonces pienso: Es tan necesaria? A caso no hay farolas? No nos vamos a ver igual?

En fin, que después de escribir esto me está entrando mucho sueño. Ahora entiendo a Juan Luis Guerra con lo de que lloviera café.

Suerte tenemos de él. Del café, no de Juan Luís.