¿Odias tu trabajo? Yo sí. (parte 2)

Hay algún placer mayor al que se experimenta cuando se sale del trabajo? Posiblemente sí, pero ahora mismo no tengo el gusto de estarlo ejerciendo. Además, como mi memoria ha quedado atrofiada desde que bebo cerveza estoy aquí currando, pues no puedo compararlo con nada agradable que haya vivido, porqué no me acuerdo.

Hay ocho horas al día en las que me convierto en un deshecho humano. Me dedico a responder al teléfono usando frases como si fuera un robot, con la cabeza totalmente desconectada de lo que estoy diciendo. A veces incluso mezclo los argumentos de una cosa con la definición de otra, el sujeto de una oración con el predicado de otra. Como en el juego de los disparates.

Y si en ese momento de desequilibrio verbal, alguien me toca el hombro para hacerme una pregunta, entonces ya no me hago responsable de lo que pueda salir por mi boca.

La primera parte de la tortura empieza por las mañanas, pero el camino hacia el infierno a esa hora lo llevo medio bien, porqué mientras voy andando hacia el trabajo, mi cabeza aún está durmiendo y no es consciente de donde va. Una vez llego allí ya sí, entonces empieza la cuenta atrás de minutos interminables, en los que solamente sueño con salir de esa cárcel e irme a mi casa, aunque sólo sea durante las dos diminutas horas que tengo para comer.

Algo que ayuda mucho en estos casos de desesperación laboral, es ver que en la calle hace un sol espectacular. Así, cuando vuelvo al trabajo por la tarde, puedo imaginar a toda la gente que está tomando el sol en la playa mientras yo muero del asco fuertemente.

Es muy guay, porqué tengo cuatro horas más para pensar en todos los sitios en los que podría estar y no estoy. Y aunque mi mente aún no se ha recuperado de la excitante y divertida mañana de quejas de clientes, la nueva rueda de llamadas ya se ha puesto en marcha, para deleitarme con una maravillosa tarde de lunes intercambiando gritos con gente desconocida.

En fin, no quisiera provocaros el llanto. Mientras llore una ya hay suficiente.

 

¿Cómo pasar de freírte a congelarte?

El verano está bien porqué no tienes que ir con catorce capas de ropa encima, pero llegar al andén de metro sudando como una cerda, cuando acabas de arreglarte y maquillarte para estar mona un viernes noche, no mola nada. Además si resulta que tienes el pelo de Whoopy Goldberg, entonces ya te puedes morir si has de esperar un tren más de treinta segundos.

Yo creo que se tendría que inventar un ventilador para nucas o algo así. Podría petarlo, cuidao! Aún no sé cómo podría ser estético y cómodo, pero bueno, algo veo ahí.

El problema es que luego para compensar este calor insoportable, la gente se pasa setenta pueblos. Me refiero a los aires acondicionados de los sitios, que están puestos a unas temperaturas como si estuvieramos en casa de Pingu (Ni que fuera yo Walt Disney!).

De verdad: es necesario? Si estoy yendo a la playa, no tengo por qué llevarme el abrigo por si acaso se me ocurre entrar en algún sitio a hacer algo. Que entras en un bar a por un helado y sales con las manos agarradas a una infusión.

Y hablando de todo un poco: El verano es esa época del año en la que sacas tus lorzas a pasear. Qué bonito! De repente esas carbonaras que te has zampado alguna que otra noche entre semana, ya no les ves tanto el sentido, eh?  Ai qué injusta es la vida. ¿Por qué las ensaladas no sabrán a bacon?

Yo cada verano me pregunto qué pasaría si estuviera julio y agosto comiendo solamente melón y sandía.

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Me quedaría el tipazo de Katy Perry? Conseguiría un novio como el suyo? Possiblemente no.

Disculpad que ahora mismo sólo piense en cosas frescas y veraniegas (y en Orlando Bloom), pero es que estamos en junio y estoy cenando sopa no sé por qué.

¿Odias tu trabajo? Yo sí. (parte 1)

He estado tres días de baja por anginas y hoy lunes me dispongo a ir a trabajar. Que no puedas tragar saliva del dolor de garganta que tienes, mola a un nivel exagerado, pero el daño que supone volver a currar, es mucho peor.

Hacer de teleoperadora es divertido si lo comparas con andar haciendo el pino con palillos metidos debajo de las uñas.

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Estoy un poco dramas, lo lamento, pero un lunes por la mañana no me puedes pedir que te baile una jota con alegría. Además creo que hoy no me he tomado ni el café.

Tengo que reconocer que el trabajo que tengo podría ser mucho peor. Solamente tengo que aprender a desconectar cuando me insultan, aguantar el tipo cuando me gritan, y no pensar en hacer a esta gente esa lista de cosas que me llevarían a la cárcel.

Pero bueno, siempre hay una parte buena (no siempre) en todos los trabajos. Estoy hablando del momento en el que, casi sin saber de donde te viene tal suerte, un cliente te dice “gracias guapa”.

Oh dios, ese instante es como si un mar se abriera ante ti, a lo Moisés. O como la escena de Aquarius de Virgen a los 40: un amor por el mundo se apodera de la situación, y dan ganas de amarrar-se al pinganillo al grito de “ai don Balduino, como se puede ser tan majo, madre!”, pero no lo hago porqué no quiero que me echen soy una persona responsable.

A lo mejor algún dia me doy cuenta  de que éste es el trabajo de mi vida. Pero posiblemente después se me pase el efecto de las drogas y vuelva a mi opinión real.

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Prólogo: hola qué tal, por qué estoy aquí?

Hello… It’s me… Hace tiempo tuve un blog que se llamaba La vida en Marte. Un lugar donde hablaba de mis fanatismos, de lo que hacía un miércoles por la mañana, de las cervezas que me bebía, o de lo sexy que me parecía Zlatan Ibrahimovic.

Por circunstancias de la vida que ahora mismo no recuerdo, un día dejé de utilizarlo. Tres años después de ese suceso, he decidido volver con otro nombre (y en otro idioma).

Mi vida de entonces aún sigue colgada en Internet, pero en principio no la voy a mover de allí. Mi primer Fotolog no tuvo tanta suerte: me vi obligada a sacrificar-lo, antes de que mi dignidad viniera del más allá a sacrificar-me a mi. Y es que mi yo del pasado creía que subir la saturación de un selfie en primer plano era sexy, como también pensaba que las indirectas le quedaban disimuladas. En LavidaenMarte aprendí a llevar todo esto de Internet con un poco de decencia, o al menos es lo que creo ahora en 2016. Lo que piense en unos años puede ser todo lo contrario.

Empiezo este blog muy a ciegas, no sé ni sobre lo que voy a escribir. Puede que os hable de las cosas que me pasan o que opine sobre hechos del mundo. Puede que resulte extremadamente interesante o que, por el contrario, ya no hayáis ni llegado a este último párrafo. Voy a contaros mis dramas y mis comedias, y espero que echéis algunas risas (enlatadas).