Los 15 motivos reales por los que lloramos viendo Titanic

Por una cuestión geográfica y generacional, la desgracia que todas esas familias vivieron el 15 de abril de 1912 nos tocó muy de refilón. Pero James Cameron nos presentó un peliculón en el 97, con el que más de uno hicimos un drama bastante importante. Pero lejos de centrarnos en la pena que supone la muerte de centenares de inocentes, os voy a explicar los verdaderos motivos por los que, en realidad, lloramos viendoTitanic.

1. No somos ricos.

Es horrible vivir con la sensación de saber que no podemos permitirnos comprar-nos esos corpiños ajustados de millonaria, ni ponernos esos sombreros de Infanta. Nuestra vida es bien distinta a todo aquello, porqué nos movemos en metro o en autobús, y el día que nos ponemos algo en la cabeza, es un moño mal hecho atado con una goma, que hemos encontrado en el suelo de la habitación.

2. No tenemos suerte jugando al poker

Personalmente tiendo a no tener suerte ni jugando al bingo, ni al parchís, ni a la oca, ni al cinquillo. Pero bueno, pongámonos en el caso de que lo petamos fuerte en un golpe de azar: de verdad tenemos vidas tan a tope de adrenalina, que nos jugamos viajes en barco con gente desconocida en un bar? No, amigos, como mucho nos jugamos cuatro chuches con la familia, el día de año nuevo.

3. No tenemos tanta memoria como Gloria Stuart

Si que es verdad que si yo hubiera conocido a un maromo buenorro de tercera clase, en un barco que al final se hunde y muere gente, quizá me acuerdo. Pero cierto es que no me acordaría de las conversaciones de la peña random del barco, ni del orden de los pasillos. Se le ha de reconocer a la señora, que nos lo explica todo con muchos detalles.

4. No seremos jóvenes eternamente

Este es el primer momento triste de la película: en el que esa señora de 100 años se da cuenta que una vez tuvo el cuerpazo de Kate Winslet y que ya no.  Además la pobre anciana tiene que soportar que su propia nieta la trate de loca. Que digo yo, que si la muchacha no se creía que su abuela era la del retrato, por qué la acompaña a conocer a esos señores del submarino? No será mejor que se quede en casa descansando como las mujeres de su edad?

 

5. No tenemos la elegancia de la madre de Rose

Hay un momento en la película que a mi se me quedó grabado en la mente: cuando la señora Ruth Dewitt Bukater le ata el corpiño a su hija Kate Winslet con una mala ostia bastante importante. Esa mujer, fluir, no fluía demasiado. Creo recordar que estuve tiempo atándome los cordones de los zapatos del mismo modo, como si así se me fuera a pegar un poco de glamour.

 

6. No tenemos tanto equilibrio

Me refiero a cuando Rose se quiere tirar por la borda y al final no se cae, o al famoso momento de la pareja haciendo el avión en la proa del barco. Yo hago eso y en vez de “I’m flying, Jack”, le suelto un “I’m falling to the water, Jack”. No habría sido tan romántico y la historia de amor de la película se habría acabado muy rápido, pero bueno, algún beso del Dawson nos habríamos llevado.

 

7. No ligamos así de rápido ni de casualidad

Hablo de cuando Rose sale a dar un paseo por la cubierta y, de repente, el tío más guapo del barco se le queda mirando como si se le hubiera aparecido su amor de la infancia. Que luego va Kate y en vez de aprovechar la situación, decide pasar de él completamente. Súpernormal el tema.¡Como para ir ignorando a Jacks Dawson por la vida!

8. No nos conocimos en un lugar tan bonito

Qué suerte tienen Jack y Rose que se conocen en la proa de un trasatlántico al que llaman el buque de los sueños, y no en el aula de una universidad o en la puerta del lavabo de una discoteca.  Eso es romanticismo y no lo nuestro. Vale que no les acabó de salir bien la historia, pero hay situaciones reales nuestras que no se arreglan ni con Celine Dion de fondo.

 

9. No somos Alex Owens-Sarno

Os preguntareis quién es esa. Pues bien: es la niña de tercera clase que baila con Jack en la fiesta. Yo en el 97 seguramente tendría la misma edad que ella, y fue cuando me empecé a plantear dudas existenciales del tipo: por qué yo soy yo, y no soy esa niña? Como ha llegado a hacer un casting para salir en una película bailando con Jack Dawson? Por qué ella está en el cine y yo haciendo deberes de ciencias naturales? Por qué no está gritando histérica si Leonardo DiCaprio le está hablando?

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10. No tenemos un apellido tan guay como DeWitt Bukater

Soy tan fan de este apellido que fue mi título de fotolog durante un tiempo. Aunque cuando salió la película creía que era mucho más complicado que lo que en realidad es. Algo tipo supercalifragilísticoespialidoso. DeWitt Bukater es el apellido más olvidado de la historia, porqué la mismísima Rose (SPOILER) lo cambia por “Dawson” al final de la peli. Muy bonito el detalle pero no mola tanto.

 

11. No nos van a pintar así en la vida

Bueno, yo no sé lo que haréis en vuestra vida privada, pero creo que hay que cumplir varios requisitos para que eso pase, y yo lo veo complicado: Primero tenéis que estar prometidos con un hombre al que os gustaría escupir en la cara, pero que esté tan obsesionado con casarse que os regale un diamante carísimo. Segundo, que el novio que habéis conocido cuando os intentáis lanzar al mar, sepa dibujar muy bien. Y tercero, que tengáis los santos ovarios de ponerle de excusa un collar, para que os pinte en pelotas. La cara de los señores del submarino cuando volvemos del flashback, me representa.

 

12. No nos quedaba tan bien la mano en el cristal empañado

¿Cada vez que estáis en un coche con el cristal empañado, ponéis la mano para recrear la escena de Jack y Rose en el carruaje que va hacia las estrellas? Efectivamente sí. No lo podéis negar. Es como ir a París y no visitar la Torre Eiffel: es algo obligado. Estoy segura que si queréis limpiar el cristal para poder ver, primero ponéis la mano así y luego ya quitáis el vaho.

13. No entramos en un bote con tanto arte como esa gente

Yo cuando me subo a la vagoneta de una atracción de agua, sufro por mi vida a niveles exagerados. Mi cara al pisar ese suelo que baila sobre un líquido tan agradable de ver, es de pánico total: como si estuviera cruzando un puente hecho con cuerdas, a quince metros de altura. De esos que salen en las películas de niños que se pierden, y que tú piensas: quizá antes doy la vuelta a la Tierra, antes de pasar por aquí.

 

14. No sabemos bañarnos en agua fría sin mojarnos primero la nuca

Yo los shows que hago para entrar en el agua son para grabarlos. Aunque estemos en agosto y en nuestras espaldas se pueda freír bacon del calor que hace, a mi me cuesta bastante dar el paso de lanzarme. No me quiero imaginar lo que sería entrar en agua que está a menos dos grados y que encima me llega hasta el cuello. Vale que (SPOILER) tengo que ir a salvar al tío más guapo del barco porqué mi prometido lo ha atado con unas esposas, pero es bastante duro igual.

15. No tenemos a Leonardo DiCaprio en nuestra vida

Esto lo he puesto en el último puesto como si fuera lo menos importante, pero es obvio que es el motivo principal por el que se llora viendo esta peli. Madre del amor hermoso, qué dura es la existencia! Durante mucho tiempo tuve un poster del DiCaprio ocupando toda la puerta de mi habitación, para que pudiera admirar lo guapo que era cada noche antes de irme a dormir. Es muy duro tener que asumir que el chico de la portada de la Superpop no forma parte de tu vida, y eso es para llorar bastante.

 

Y bueno, hasta aquí la reflexión sobre los motivos por los que este peliculón nos da tanta pena. Espero que Kate y Leo algún día se casen y que los espectadores carpeteros como yo, podamos ser un poco más felices. Ya que no me lo voy a quedar yo, prefiero que se vaya con Rose: imagino que un hombre que te enseña a escupir, no debe ser fácil de olvidar.

Melendi, el coach que quiero de marido

Melendi llegó a nuestras vidas cantando sobre cómo traficar con drogas y haciendo metáforas sexuales con el mar y los peces. Llevaba rastas e iba con las pintas del yerno que ninguna madre habría querido para su hija. En cambio, era el novio malote soñado por cualquier chica adolescente que se sintiera atraída por lo más malo del barrio.

A esa edad, yo era una pringada que hacía esfuerzos por descubrir las medidas exactas de los cubatas, y me creía alguien en la vida sabiendo cuatro acordes con la guitarra. Mi edad del pavo estaba en un punto álgido y me encontraba abrumada por el puntito macarra que caracterizaba los chicos rebeldes. Por eso no fue extraño que alguien apodado “el Milindri” provocara en mi un flechazo. Además, me sentía identificada con las letras dedicadas a mujeres de ojos verdes, y me creía una de sus posibles musas.

Para el segundo disco se cortó el pelo dejándose solamente cuatro rastas largas. Con eso demostró su madurez de quinqui adulto, mientras yo, que de adulta tenía poco, escuchaba de su voz que fumar mataba, pero que también mataban mis besos.

Sus canciones ya no hablaban solamente de porros, si no que el muchacho también se preocupaba por el hambre en el mundo, y por los novios abandonados en el altar.

Mientras no cueste trabajo fue el nombre de su tercer disco y el plan de vida estudiantil que yo llevaba en ese momento. En vez de estar por lo que tenía que estar, ese año entré en bucle con la canción de los volantes, donde Melendi pedía que no quería que volvieras a verle desnudo. Ya sabéis, típica frase que necesita escuchar una mala estudiante para concentrarse.

En 2008 sacó un disco en el que aparecía sentado en una mesa cenando, simulando ser la primera visita a casa de los suegros. Siempre pensé que quedaría muy guapo en el comedor de mis padres. Y es que, aunque parezca un macarra, es todo un sentimental.

Tenía temazos como los de antaño que trataban sobre cosas malas para la salud, pero también componía sobre crítica social y nos deleitaba con canciones de amor. De esas que me hacían soltarme la melena y descamisarme histérica cuando, sin venir a cuento, sonaban de repente en una discoteca, en esas noches de amor de garrafón.

Y un buen día volvió a salir en la tele, donde descubrí que se había convertido en un treintañero buenorro y que encima sabía hablar bien. Me planteé varias veces presentarme al concurso, solamente para cantarle la canción sentada encima de sus piernas, y pulsar yo el botón para llevármelo a mi casa. Y es que yo quiero ser su guerra todas las noches, y su tregua cada mañana.

En los siguientes años tuvo varios problemas para escoger un look para el pelo, pero exceptuando la arriesgada decisión de los rizos, me gustaron todos. Igual que las nuevas canciones, en las que hablaba de lo difícil que era el amor, cuando la persona en cuestión no sabe que existes. Y sí, Melendi, es durísmo: Es fatal verte con camisetas abiertas enseñando los tatuajes, y no poder decirte que han pasado ya diez años, y que si a los 15 te quería de novio malote, ahora a los 27 te quiero de marido.

OT El Reencuentro

Ha llegado el mes de octubre y con él el día más importante de la década: el concierto del reencuentro de OT1.

El día 31 voy a revivir lo que en 2002 viví como una de las experiencias más emocionantes de mi vida.

Esa vez estuve sentada como a siete kilómetros del escenario y veía a los triunfitos diminutos. Me pasé el concierto mirando la pantalla gigante, porqué no podía permitirme confundir a Verónica con Manu Tenorio.

Yo estaba completamente loca por OT, los amaba exageradamente, y estar allí compartiendo espacio-tiempo con los que ocupaban mi televisor cada lunes por la noche, me parecía bastante fuerte.

Este año se reencuentran en un concierto en Barcelona y he comprado entrada para pista: Estaré en el mogollón, entre empujones y pisotones, para poder lanzar-le piropos a Bustamante desde más cerca. Que se note mi madurez tras estos quince años.

¡No quepo en mi de la emoción! Llevo días atenta a las 16 cuentas de Instagram para no perderme ninguna foto de grupo, ningún abrazo de Bisbal y Chenoa, ni ningún cambio de opinión de Juan Camus sobre su participación en el evento.

Estoy muy emocionada, y desde aquí quiero dedicar un espacio a los 16 participantes de OT1 que marcaron, todos a su manera, mi preadolescencia.

 

GENO

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Ella fue la primera expulsada, pero no por eso la menos carismática. De hecho, fue la única persona que participó en dos ediciones de OT, la que creó uno de los hashtags más grandes de la historia #sufrocomogeno, y la única que hizo un dueto con Raúl de Sueño Su Boca (¿hay alguna cima más alta en el mundo de la música?).

La verdad es que Geno, por una cuestión de tiempo, no me marcó demasiado, pero uno de los temazos más grandes de Fórmula Abierta fue Mi cruz, mi fe, y lo cantaba solamente ella. Además pocos cantantes hacen un “oh, no, no, no” tan sentido como Geno.

MIREIA

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Fue de las primeras voces que escuché y la responsable de hacerme conocer este temazo de Thalía. Fué la rubia de Fórmula Abierta, los Abba de nuestro país, y todos sabemos que si hubieran sido dos morenas no hubiera tenido tanta gracia. Crearon el hit de ese verano,  Te quiero más, y desbancaron a la Macarena del top 1 de coreografías. Quizá creéis que exagero, pero es que yo esta canción la he bailado hasta sentada en una butaca del cine.

Tengo que decir que, no hace mucho, estuve escuchando, en bucle, una canción que Mireia colgó en Youtube. Posiblemente yo sea la única persona del mundo que se la sepa de memoria. Yo os lo comento como dato, pero no os pido que lo entendáis.

JAVIAN

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Solamente por presentarse con este nombre artístico me parece necesario admirarlo. En Twitter le llaman Javián de OT2 y me hace bastante gracia. Ya fue poco conocido en su edición como para que encima lo coloquen en otra. Al menos no dicen que es de Gran Hermano 3. Algo es algo.

Este chico me da un poco de pena porqué siempre lo veo como triste. En la peli de OT salía explicando que no tenía fans, y en los próximos documentales dice que él no merecía estar en el concurso. Sí que es verdad que sin él, yo posiblemente no hubiera conocido nunca las canciones de Maná, pero no sé si es necesario martirizarse tanto por eso. ¡Javián te queremos!

ÁLEX

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Aunque fuera el rubio de ojos azules de la Academia, y tuviera el acento catalán más natural y sexy que había oído hasta el momento en un programa de televisión, Álex no era mi favorito: lo tenía colocado en un tercer puesto por debajo de Bustamante y Bisbal. Aunque tengo que reconocer que muchas tardes cuando volvía del colegio, me imaginaba cantando a dúo con él, la canción de Te extraño, te olvido y te amo. Todo muy pasional.

Su momentazo en OT fue cuando cantó Pisando Fuerte como cancion de despedida, con Nina llorando a lágrima viva en la pantalla del fondo y Busta desmoronándose en directo por el adiós de su amigo. No los culpo porqué realmente fue un drama: Juan no paraba de cargarse a gente.

NATALIA

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Con ella aprendí el significado de la palabra “benjamina”. Era la más joven de la edición y Carlos Lozano no paraba de repetir eso todo el rato. Acabé pensando que era su segundo nombre. A Natalia-Benjamina le copié todos los gestos y todos los giros que hacía con la voz en la actuación con Álex, para así poder expresar mi amor hacia él correctamente.

En OT solamente iban a sacar disco los primeros finalistas, ya que era la gracia y el premio del concurso, pero Natalia fue la primera en romper esa norma y sacó uno al salir del programa. Lo petó bastante, pero no era muy difícil, ya que Vas a volverme loca es, posiblemente, el mejor single de la historia de la música. Aunque los que está sacando ahora, también molan bastante.

JUAN

juan

Le echaron en la famosa gala 7. Fue la gala donde lloró Bustamante y en la que yo me enamoré de él (de Busta, no de Juan). Pero el señor Camus, con su expulsión y su You’ll be in my heart, estuvo presente, en todo momento, como banda sonora de mi enamoramiento. Además yo ese día cumplía 13 años y lo tengo como muy marcado en mi vida.

El público le salvó varias veces de la expulsión (en Gran Hermano Vip también), pero se ve que el primer disco no le triunfó mucho en España, pero en cambio en Alemania sí.

Mi sueño es poder conocer, algún día, un fan alemán de Juan.

¡Juan ven el 31!

ALEJANDRO

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De Alejandro tengo muy presente su cuando ellas mueven suuuus caaadeeeraaas. Temazo extremo. Yo me hice bastante fan de su primer disco, aunque no me lo compré. Mi canción favorita se llamaba Quince años, una canción que le dedicaba a una chica de esa edad. Yo aún era más joven pero me sentía bastante identificada con ella, como con la del Dúo Dinámico.

Ahora la estoy escuchando y me he dado cuenta que básicamente es Alejandro dando calabazas a una cría, y me acabo de decepcionar enormemente porqué yo creía que me amaba.

Otro temazo posterior que me encantó fue Las Horas. Cada vez que miro un reloj o se habla de la película de Nicole Kidman, inconscientemente la empiezo a cantar.

NAÍM

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Naím me cautivó con la entrada de la segunda estrofa de Everything I do, I do it for you. Su Looking to your heart hizo que me quedara embobada en la pantalla durante el resto de la canción, con una expresión parecida al emoticono de los corazones en los ojos.

Duró bastantes semanas, pero cuando estuvo nominado con Bustamante lo mandamos a casita. Yo no voté, pero me alegré de la decisión por una cuestión de prioridades.

Naím fue al concursante que más veces vi cuando me dedicaba a perseguir a triunfitos por la calle, pero nunca conseguí una foto con él porqué era la típica fan idiota que se quedaba detrás mirando como todos se colaban.

GISELA

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Gisela siempre fue mi favorita y la que quería que fuese la esposa de Bustamante por los siglos, de los siglos, amén. Me pasé meses y meses analizando los gestos y miradas entre los dos durante las actuaciones, para poder detectar señales de su amor oculto. Después, con los años, descubrí que estaba todo el culebrón colgado en Youtube, pero nunca terminé de verlo porqué me ponía triste. Tan triste como beber agua sin este tutorial.

Todo el mundo espera la canción de Chenoa y Bisbal para el reencuentro, pero yo cuento los días para revivir el Vivo por ella que tanto analicé y que tanto me marcó.

NURIA

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La Fergó abrió la veda en eso de cantar en español en medio de una canción en inglés. Cuando vi la actuación aluciné. Pensé: ¿ésto es normal? ¿Nina ha permitido que no se aprendiera la letra real? ¿Se ha colado la de Noches de Bohemia en mitad de una canción de Chenoa?

Se quedó a las puertas de ser finalista, cuando estuvo nominada con Bustamante. Toda mi clase se indignó con su expulsión, pero yo estaba contenta porqué no podía soportar la idea de que mi gran amor quedara fuera.

Aunque tengo que decir que Nuria era muy guay, y si la canción de Rosana ya era para llorar y cortarse las venas por si sola, cuando la cantó ella al despedirse ya fue el drama de la vida.

VERÓNICA

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A ella siempre la recordaremos con el “mi Vero” de la pizarrita de Rosa salvándola de las nominaciones. Mi primer recuerdo de ella es de la gala 4 con Quiero vivir la vida amándote. Caminando como si mantuviera el equilibrio yendo hacía la pastilla del final de la pasarela donde se encontraba Busta. Ese u-ié-ié desafinado lo estuve cantando durante semanas.

Fue la sexta finalista y la culpable de que expulsaran a Gisela, pero era monísima y entrañable y no te podía caer mal. Me gustaba su risa y los michelines de persona delgada que se le hacían cuando se sentaba mal en el sofá del Chat de OT. Es una imagen que mi cabeza ha retenido, no sé por qué.

MANU

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Dime que tu pieeeeeeeel será mi pieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeel. ¿Más fan de este temazo?

Su rollo Paul Newman iba más enfocado a un target de madres y abuelas, pero tengo que reconocer que estuve enamorada de Manu Tenorio una semana.

El motivo fue que mi primera foto con un triunfito fue con él. Estuve tan impaciente por ver como había quedado, que abrí la cámara antes de tiempo. Sufrí fuertemente durante la espera del revelado, porqué tenía bastantes números de haberla perdido. Finalmente se salvó, pero quedó de color naranja. Aunque eso no impidió que fuera mi foto favorita durante meses.

CHENOA

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Se puso de moda que si querías a Bustamante, no podías querer a Chenoa. Todo porqué me alegré de que quedara cuarta. Pues obvio, el amor es así. Pero a mi ella me gustaba igual. Era la segunda en mi rànking de chicas.

Es la Jennifer Aniston de nuestro país y la que mejor se pasa el micro de una mano a otra.

Mi amor por ella llegó al punto más alto un día que fui a hacer de fan. Ella me acababa de firmar un autógrafo y yo estaba con la cámara en la mano, esperando que alguien nos fotografiara juntas. Los otros fans me echaron para atrás, y fue Chenoa la que, al ver que me alejaba, pidió que alguien nos hiciera la foto. Salí con ojos de histérica pero feliz como una perdiz.

Sus canciones ocuparon mi nick de Messenger durante mucho tiempo.

BUSTAMANTE

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Bustamante fue el cuarto amor platónico-obsesivo que tuve en mi vida después de Brian Littrell, Leonardo DiCaprio y Antonio Hortelano. Aunque se empeñara en negar-lo, él era un Superman.

No recuerdo una alegría mayor a la que experimenté cuando Pilar Tabares anunció que él era el tercer finalista.

En esa época, mi vida estaba básicamente centrada en él. Mis regalos de cumpleaños y de Navidad eran cosas de Bustamante, en mi casa solamente sonaban sus canciones, y el viaje familiar de ese verano fue a San Vicente de la Barquera, su pueblo natal.

Después de OT lo fui a ver varias veces. No podía aceptar que ese chico dejara de formar parte de mi vida. Un día casi se come una puerta giratoria por mi culpa, porqué me lancé sobre él para darle dos besos.

Ahora ya estoy más o menos curada, pero aun guardo camisetas y calcetines con su cara.

BISBAL

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Él era el otro David y mi segundo en el ranking de amor. En OT era el rey de los rizos y de las vueltas, pero yo me hice fan máxima con los gorgoritos de Nada cambiará mi amor por ti. En ese momento entendí mucho a Chenoa.

Bisbal no fue a Eurovisión y aun me sorprende, porque Corazon Latino, el Alma en Pie y Miénteme son de los temazos más buenos que he oído nunca. Espero que vaya tres años seguidos con ellos.

Con Bisbal no pude hacerme ninguna foto cuando salió de OT, ni me firmó nunca ningún autógrafo, pero un día, después de varios empujones, conseguí que me diera un beso en la mano. Os mentiría si os dijera que yo no me la besé justo después. Durante meses estuve contando que él y yo nos habíamos dado, indirectamente, un pico.

ROSA

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Fue la favorita de la audiencia desde el principio hasta el final. Era una mujer entrañable, achuchable y real. Podía gritar en medio de una canción que se había equivocado de letra, y la gente siempre la elegía como la mejor. Quizá porqué la mujer tenía un vozarrón importante.

Estuve cantando Europe’s living a celebration con la z durante mucho tiempo, porqué la versión que escuchaba era la de la gala, y allí decía Pazión en vez de Pasión. No ganamos Eurovisión, pero ese año vivimos intensamente el festival. Lo mejor de la canción era la coreografía, aunque no sé si Geno opinaría lo mismo.

Actualmente soy bastante fan de los videos que cuelga Rosa en Instagram contando cosas, y envidio bastante el tipazo que se le ha quedado.

 

 

Y bien, hasta aquí mi reflexión. 

¡NOS VEMOS EL 31 en el Sant Jordi!

Estoy histérica no, lo siguiente.

Septiembre y las estanterías gigantes de material escolar

Sí, está pasando.

Septiembre ya está aquí y yo no entiendo por qué motivo los de Green Day querían que pasara tan rápido. ¡Adoro este mes!

El final del verano llegó y tu partirás, pero no pasa nada porqué tenemos la maleta repleta de ilusiones, estamos morenos y descansados y vamos a cumplir todos nuestros sueños.

Sí, quizá creéis que exagero y que soy la típica que luego se pega el tortazo del siglo. Pues sí,efectiviwonder, pero es que yo soy muy fan de los comienzos, porqué es cuando aún estás a tiempo de no liarla parda.

El inicio de Septiembre llega a nuestras vidas con la alegría que también caracteriza los primeros días de Enero, pero con menos resaca y con menos ropa.

Es principio de curso y tienes que recibirlo con ilusión: Apuntarte a cosas, alegrarte la vida, olvidar los dramas, conservar las cosas buenas, dejar los miedos a un lado y lanzarte a la piscina. Hemos venido a jugar, señores.

Y si no te ves capaz de empezar nada nuevo, puedes retomar algo antiguo como, por ejemplo, volver al gimnasio.

Te explico: es ese lugar donde solías ir a hacer ejercicio. Ya sabes, eso que no has hecho estas vacaciones porqué estabas muy ocupado tumbado en el sofá, mirando capítulos repetidos de esa serie que han dado quince veces por la tele.

Eso sí, cuidado con lo de volver al gym, que yo el otro día entré a una clase después de cuatro meses y me lesioné la cadera haciendo un movimiento sexy. Quien dice lesionar, dice que no pude explayarme tanto como quería bailando Beyonce, porqué me había dado un tirón en la pierna.

Pero bueno, lo importante es participar.

Volver a la rutina puede ser agotador, pero yo es que si tardo mucho en activar-me me muero bastante del asco.

Cuando era pequeña y se acercaba finales de agosto, le pedía a mi familia si podíamos hablar del cole. Sí, era una niña un poco extraña que en vez de aprovechar los últimos días de playa y Gran Prix, quería centrarme en pensar en mis obligaciones de persona responsable.

No era del todo malo que me pasara eso. Pensad que en Octubre toda esa motivación desaparecía y me volvía una vaga en potencia, así que era importante aprovechar mi momento de subidón.

Y es que por las noches me hacía preguntas del tipo: ¿Cómo será el primer día? ¿Cómo será el reencuentro con mis compañeros? ¿Tendré profes guays? ¿Cómo serán las nuevas asignaturas? ¿El guapo del curso superior habrá repetido?

En fin, típicas cuestiones que se hace cualquier criatura pre-adolescente.

Septiembre también traía a tu vida el maravilloso mundo del material escolar. Ese olor a plástico nuevo que te proporcionaba unas ganas locas de estudiar, como si tú fueras una empollona o algo por el estilo. Muy loco todo.

Sin ir más lejos, el otro día entré a un centro comercial para comprar-me una agenda y casi salgo con media estantería. Y es que es pasar por ese mágico pasillo de archivadores, carpetas, bolígrafos y lápices, y encontrarle una gran utilidad a todo lo que ves. “Yo este estuche de rotuladores de colores que mide tres metros creo que lo puedo necesitar”.

Cada Septiembre me quedaba embobada mirando todo ese material, e imaginaba cómo iban a quedar de bien mis preciosos apuntes, con súper buena letra, en esas libretas que iban separadas por colores.

Lamentablemente, los sueños, sueños son, y después de la primera semana de cole, la presentación dejaba mucho que desear y mi caligrafía era parecida a la de un médico experimentado: imposible de descifrar.

Además, ahora que lo pienso, lo de esas libretas era bastante horrible, porqué había asignaturas que te ocupaban más de un color y te fastidiaban todo el plan inicial que te habías montado.

¿Es que entonces qué? ¿Seguías en el verde lo que habías empezado en el rosa, poniendo el título otra vez? ¿Ponías una flecha indicando que la continuación de esa asignatura estaría cuando retomáramos el color asignado al principio? ¿Arrancábamos todas las páginas rosas y las uníamos con un clip?

Es que qué angustia, por favor. Por cosas como éstas suspendía tanto.

Pero bueno, suerte que las agendas sí que tenían una buena organización e incluso en algunas de ellas había una doble página que ponía “dedicatorias”. Allí podías dejar ir tu imaginación, y poner en práctica todos los conocimientos que habías adquirido leyendo el apartado de “I love BSB” de la Superpop y, además, podías pedir a tus amiguis que te escribieran cosas bonitas.

Desgraciadamente, en la agenda que me he comprado este año, no hay un espacio dedicado a escribir estas humildes poesías, y la verdad es que me ha decepcionado bastante.

Porqué ya me dirás tú, si no puedo poner frases de amor, para qué quiero yo una agenda.

Lo que sí que tiene es esa primera página en la que tienes que poner todos tus datos por si la pierdes o te la roban. ¿Eso es útil? Porqué ahora que estoy reflexionando, me doy cuenta que no sé si acaba de ser el método más seguro del mundo que el ladrón de agendas sepa donde vives, pero bueno.

En fin, paralelamente a la compra de material escolar, se tenía que encontrar también un momento para la actividad que daba más pereza del mundo mundial: forrar los libros de texto. Qué nostalgia, madre mía!

Nunca entendí bien que conseguíamos con todo eso, a parte de obligar a toda tu familia a perder una tarde contigo. Se tenía que tener bastante arte para hacerlo. Yo era totalmente nefasta: se me quedaba más forro pegado en los brazos que en el libro.

El nivel experto se conseguía cuando no te quedaba ninguna burbuja en la portada, pero en el fondo, siempre era mejor tener cuatro o cinco para poder entretenerte con ellas en clase, en los días de aburrimiento extremo.

Y es que toda mi ilusión inicial duraba poco. Lo de estrenar cosas hacía mucha gracia el primer día, pero cuando la goma de borrar se ensuciaba por primera vez, ya todo empezaba a caer en picado.

Cuando pasabas el horario a la agenda te creías una gran ejecutiva, organizada y profesional, y sentías la necesidad de empezar cuánto antes con el temario. Pero a las dos semanas, cuando te dabas cuenta que las asignaturas eran un tostón, empezabas a dejar de utilizar los márgenes, las lineas rectas las hacías a ojo, y solo deseabas que llegara la hora del patio para poder salir de allí.

Pero en fin, como decía, todo este drama es posterior. De momento aún estamos en el principio, así que toca disfrutar de este mes antes de que sea demasiado tarde.

Yo creo que igual que hay una película que se llama Noviembre, podría haber una que se llamara Septiembre, con los mismos actores y tal. La vuelta al cole protagonizada por Oscar Jaenada. ¿No sería fantástico?